COVID-19 y prisiones

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Cuando se declaró la pandemia de COVID-19 en marzo de 2020, los sistemas penitenciarios tuvieron que tomar medidas urgentes para evitar una catástrofe sanitaria en las prisiones, ya que, de producirse un brote en este entorno cerrado y hacinado, sería muy difícil controlar la rápida propagación tanto dentro como fuera. La vida de las personas privadas de libertad, de los funcionarios de prisiones, de las familias y de las personas de la comunidad estaba en juego. Y el riesgo sería aún más alto en las prisiones sobrepobladas, con escasez de personal, en las que condiciones sanitarias son deplorables y el acceso a la atención sanitaria es deficiente ─la situación de la mayoría de los países en marzo de 2020, como lo habíamos informado unos meses antes─. 

Desde principios de marzo de 2020, las prisiones de todo el mundo cerraron sus puertas.  Rápidamente, se suspendieron las visitas y se cancelaron las actividades diarias, por lo que los reclusos pasaban la mayor parte del día en sus celdas, sin ninguna ocupación y sin ningún contacto humano significativo, preocupados por su salud y la de sus familiares en medio de una crisis sanitaria mundial. 

Las restricciones adoptadas en las prisiones se mantuvieron vigentes durante varios meses y, en muchos países, aún no se han retirado, lo que ha tenido graves repercusiones en la salud física y mental de las personas privadas de libertad y de sus familiares. En el marco de este estudio, hemos reunido algunos relatos de primera mano sobre la vida en prisión antes y durante la pandemia en varios países del mundo.  

Lecciones en términos de política y práctica 

La pandemia impulsó a muchos Gobiernos a adoptar medidas encaminadas a reducir el número de personas privadas de libertad con el fin de contener la propagación del virus dentro del sistema penitenciario. Si bien se ha observado una disminución de la población carcelaria en varios países, aún es necesario adoptar medidas concretas a largo plazo para asegurarse de que este resultado positivo sea duradero. Por otra parte, se requieren medidas urgentes para garantizar que las restricciones impuestas no afecten, de manera desproporcionada, la salud, el bienestar y los proyectos de reinserción de los reclusos.  

Recomendaciones 

Condiciones de vida en prisión  

Prioridades que las administraciones penitenciarias deberían tener en cuenta: 

  • reanudar las actividades diarias, el trabajo, la educación, el contacto humano, y permitir a los reclusos pasar la mayor parte del día fuera de sus celdas en condiciones sanitarias seguras; 
  • reanudar las visitas de las familias, en conformidad con los protocolos de salud pública; 
  • complementar las visitas de contacto con visitas virtuales cuando sea posible; 
  • mejorar el acceso a la salud, a los exámenes y a los tratamientos, y solucionar los retrasos de los tratamientos; 
  • adoptar medidas proactivas para fomentar la salud y el bienestar de los reclusos y brindarles condiciones de vida dignas. 
Desencarcelamiento – desde la perspectiva de la salud 

Prioridades estratégicas para garantizar que la reducción de la población carcelaria perdure: 

  • asegurarse de que las medidas de prisión preventiva se apliquen únicamente como último recurso y durante el menor tiempo posible; 
  • abordar el problema de la politización de las sentencias y la libertad condicional;  
  • despenalizar los delitos menores y las infracciones contra el orden público;  
  • identificar y resolver los problemas de desproporcionalidad contra los grupos marginalizados a la hora de dictar sentencias y medidas de prisión preventiva;  
  • reformar la política de drogas e incluir la despenalización y la reducción de daños; 
  • reducir el número de personas con trastornos mentales que ingresan (o permanecen) en prisión; 
  • atender de forma adecuada las necesidades sanitarias de la comunidad (en particular, los problemas de salud mental, y el consumo de drogas y alcohol).

Consultar nuestro estudio sobre la vida en prisión durante la pandemia.

Obtener más información sobre las medidas adoptadas para preservar las prisiones de la COVID-19  

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